Hace unos meses se celebró en Madrid una conferencia sobre el futuro del hidrógeno como vector energético. Ahora, un resumen orientado a la política de la Unión Europea sobre este asunto acaba de ser hecho público. Son las principales ideas de este texto lo que me gustaría compartir con ustedes.
fuente: soitu.es
De hecho, el hidrógeno es un tema recurrente en la discusión energética. Quizá su "profeta" mejor conocido es Jeremy Rifkin, cuya presencia está prevista en la Expo de Zaragoza en septiembre. La UE ha financiado diversos estudios sobre el papel que podría jugar en el futuro (Weto-H2, HyWays), así como los Estados Unidos y otras economías avanzadas. Hay dos tipos de razones principales para proponer su uso: las relativas al almacenamiento de electricidad de fuentes renovables y las relacionadas con el transporte.
La mayor parte de las fuentes de energía renovable son realmente fuentes de electricidad renovable. Una característica es que su producción es difícil de controlar: producen cuando hay viento o sol, momentos que no tienen porque coincidir con aquellos en los que queremos consumir. El hidrógeno producido por renovables ofrece la posibilidad de ser un "almacén": creado cuando la producción es elevada, creando electricidad u otros servicios energéticos para cuando la demanda es alta.
Entre estos "servicios energéticos", el más interesante es el transporte. En efecto, exceptuando trenes eléctricos y algunas otras excepciones, no existen hoy en día alternativas al petróleo en este sector. Es ello lo que hace tan atractivas las opciones como el hidrógeno o los coches híbridos tan de moda últimamente. El hidrógeno podría venir no solamente de renovables, sino también de plantas de carbón (con equipos de captura de CO2 para impedir su emisión a la atmósfera) o nucleares.
La recomendación política de la UE concluye que aunque todas estas tecnologías son atractivas son también inmaduras, por lo que no parece conveniente pensar en su despliegue a corto plazo, que de todas formas habría de ser masivo (pensemos que los coches necesitan más energía que la que hay en todo el gas natural que se consume en España).
No obstante, no hay que abandonar el esfuerzo de investigación y desarrollo, en especial cuando mucho de lo que hay que investigar tendrá uso, haya o no haya una "economía del hidrógeno". Por ejemplo, los coches híbridos son coches eléctricos, como los de hidrógeno; y algunas de las tecnologías que se han propuesto para poder usar eficientemente el carbón sin emitir gases de efecto invernadero producen hidrógeno de forma natural. E insistir, por último, que estos esfuerzos no deberían ser a costa de otros en el campo de la energía, donde la inversión europea en I+D es claramente insuficiente, quizá como diez veces menor de lo recomendable.
*Julián Barquín, profesor en la Escuela de Ingeniería (ICAI) e investigador del Instituto de Investigación Tecnológica (IIT) de la Universidad Pontificia Comillas.
(Las conclusiones y puntos de vista reflejados en este artículo son responsabilidad únicamente de su autor y no representan, comprometen, ni obligan a las instituciones a las que pertenece).